Sociedad

La integración de los inmigrantes

Escrito por Carlota Sedeño Martínez - GEA Málaga. Publicado en Empresa-Trabajo-Inmigración.

La inmigración ha cogido desprevenidos a países como España e Italia que fueron, desde siempre, tierra de emigrantes. La conocida y tópica figura del gallego o del andaluz emigrante ha sido sustituida por la del marroquí que busca trabajo en nuestra tierra.

En España las cifras se dispararon hará unos dos años cuando los extranjeros registrados legalmente pasaron de 260.000 a 475.000, a los que habría que añadir los ilegales, estimados en 294.000 personas. El fenómeno de los llamados "ilegales" ha dado lugar a múltiples corrupciones protagonizadas por intermediarios que han exigido dinero para regularizar situaciones: permisos de residencia, contratos de trabajo, etc.

Según los últimos datos disponibles, Málaga es la provincia andaluza con más solicitudes de inmigrantes. Todos hemos oído o visto escrita la frase "Sal a la luz. Ponte en regla". Se trataba de una campaña institucional para la regularización excepcional de trabajadores extranjeros. En Andalucía una parte importante de los presupuestos de política migratoria serán destinados a programas de integración de los inmigrantes. Una cuestión que está por definir es el modelo de integración.

España, como otros países de Europa, debe decidir si está dispuesta a evolucionar hacia una sociedad multiétnica o si prefiere considerar a los inmigrantes como trabajadores de paso, o sea, no invitados realmente a instalarse con carácter definitivo. Cada uno de los dos modelos tiene sus problemas como lo demuestran las experiencias alemana y francesa.

Alemania ha tenido que ver a los inmigrantes como trabajadores huéspedes: se han dado pocos conflictos étnicos, pero también escasa convivencia. Francia, en cambio, ha intentado la asimilación de los inmigrantes y, sin embargo, no ha podido evitar episodios de intolerancia. Ninguno de los dos modelos ha satisfecho plenamente.

El profesor Luciano Gallino aclara lo siguiente: "El racismo significa creer en la inferioridad de una raza o de una etnia. En cambio, las inmigraciones plantean un conflicto étnico: un conflicto entre individuos y grupos que, aunque se reconozcan mutuamente idéntica dignidad e iguales derechos, permanecen profundamente divididos por diferencias de mentalidad, lengua, valores, costumbres, historia y religión". España está empezando a experimentarlo y para hallar una solución deberá desarrollar una política que vaya más allá de las fáciles declaraciones de solidaridad o de los eslóganes simplistas contra los extranjeros. Podría ser que las tensiones existentes sean generadas no tanto por el número de inmigrantes como por su concentración en determinadas zonas.

Hará unos dos años, en Florencia, un grupo de gamberros agredió con barras de hierro a vendedores ambulantes norteafricanos. En Francia, los mayores conflictos han tenido lugar en sitios donde la concentración de extranjeros se considera excesiva. Esto se vio favorecido por una política de viviendas para inmigrantes que dio lugar a la creación de barrios-gueto. Toda forma de segregación es el caldo de cultivo de tensiones étnicas y sociales, difícilmente controlables una vez producidas.

Si la inmigración preocupa a los gobiernos de cada país europeo es porque, en primer lugar, este fenómeno está escapando a su control. Actualmente, el número mayor de inmigrantes se refiere a familiares que vienen a reunirse con los que están ya instalados. Son inmigrantes clandestinos que alimentan el trafico de mano de obra y refugiados que aseguran ser perseguidos en sus países, aunque en muchos casos huyen de la tiranía que significa la pobreza.

Por otra parte, la necesidad de contar con trabajadores extranjeros en Europa será muy clara en el futuro, dada la baja tasa de natalidad en los europeos. Otro dato a tener en cuenta es que los inmigrantes ocupan empleos poco cualificados y realizan normalmente las tareas para las que no se encuentra mano de obra nacional.

La polémica sobre la inmigración no quiere decir que predomine la intolerancia, ya que, realmente, todo incidente racial provoca una reacción de protesta y no faltan rasgos de auténtica solidaridad. Los gobiernos dialogan con los representantes de las comunidades de inmigrantes y, en la actualidad, tratan de hallar soluciones más satisfactorias que ojalá se consigan en un plazo de tiempo lo más breve posible para evitar situaciones de clara injusticia.

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