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Pasarela Cibeles: Entre la sobriedad y el glamour

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Algunos opinan que ya no hay moda sino “modas”. Y la última edición de Cibeles Madrid Fashion Week parece darles la razón. La pasarela ha mostrado estilos diversos, como si cada diseñador quisiera ir por libre… Ante esta variación y después de una agotadora semana de desfiles me atrevo a señalar algunos de los rasgos más destacados: se ha optado por  una moda más comercial, ramalazos certeros de los años 50, dosis controladas de minimalismo, tejidos ligeros, estampados difuminados, dominio de los tonos azules verde y amarillo, mezcla de texturas y empleo del cuero y el encaje.


Este año el Premio a la mejor colección de Cibeles ha recaído en Teresa Helbig una diseñadora barcelonesa huida del desconcierto reinante en las pasarelas catalanas. Su moda tiene tintes románticos y un chic exquisito y depurado. Se inclina por los tonos claros  con alusiones al rojo y a un repetido tono mostaza, especialmente en sus modelos en cuero. Tacones de vértigo en zapatos adornados con flecos y unos  cinturones metálicos a los que se puede augurar un más que probable éxito comercial.

 

En la línea romántica hemos visto una de las mejores colecciones de las presentadas  por una joven diseñadora  madrileña,  Alma Aguilar. La sencillez y el romanticismo son las señas de identidad de un estilo  femenino y natural .Prendas muy trabajadas  en las que destacan jaretas, pequeños volantes, pliegues y frunces en un meritorio  trabajo artesanal. Dentro del romanticismo  y de la naturalidad de unos looks sin estridencias se puede situar también la colección de los gemelos Ailanto con estampados de flores, tipo acuarela, drapeados, telas ligeras y el mono como una de las prendas protagonistas.

 

MÁS COMERCIO Y  MENOS ESPECTÁCULO

Esta parece haber sido la tónica de algunos veteranos en la pasarela que han buscado una fórmula más práctica y efectiva de promocionar sus creaciones. Adolfo Domínguez  no ha querido dilapidar los éxitos de una forma de ver la moda que resiste impertérrita el paso del tiempo. Ha vuelto a  su inspiración  basada en la  reinterpretación de los años 70 con pantalones campana, faldas capa, cortes asimétricos y estampados bicolor. Su opción urbana superó con creces en calidad  a sus modelos para la noche que parecían destinados a bailarinas orientales…

 

Jesús del Pozo ha acudido también a las formas clásicas “reinventadas”. Junto a la sobriedad de un bien cortado  sastre verde y otros modelos afines destacaban  algunas superposiciones, marcadas asimetrías y  distintos largos en un mismo modelo. El  blanco estuvo muy presente en casi toda la colección junto a una  reivindicación del morado y ramalazos color naranja.

 

¿Hay algo más comercial que el minimalismo? Esta parece la clave de algunos diseñadores  que lo esgrimen como segura fórmula de triunfo. Angel Schlesser  combina su extraordinario buen gusto con la opción minimalista: modelos de una sencillez exquisita que  a primera vista podrían parecer “más de lo  mismo”, pero que tienen siempre un tono contemporáneo que los sitúa en la más absoluta modernidad. Sus cortes son certeros y sencillos compensados  con volúmenes redondeados .Cualquier mujer elegiría como básicos  su chaqueta smoking color turquesa, sus sastre negro de pantalón ancho o el sastre blanco  con pantalón estrecho.

 

Roberto Torreta sigue también apuntado al  minimalismo  con una colección que empezó con una gabardina amarilla satinada y siguió con vestidos y sastres pantalón dentro de un estilo que cuenta con sus clientas incondicionales.  Modesto Lomba se encuadra también en una línea minimalista dotada una vez más de una ornamentación arquitectónica  con recogidos y asimetrías en tejidos más fluidos que los habituales en este diseñador.

 

Otros “veteranos” se han desmarcado de esta corriente “comercial” y han buscado el espejuelo de las ventas por el camino de la diversidad y el eclecticismo. El caso más claro lo encontramos en Roberto Verino. Su colección, aunque inspirada en principio en el cine francés de los años 60, abarca los estilos más diversos, del vintage al grunge hasta una profusión de modelos en tweed estilo Chanel

 

GLAMOUR Y  COLORIDO  

Hannibal Laguna  encandiló una vez más  con su  línea suntuosa, sus vestidos joya y sus bordados sutiles. Repitió tanto su excelente patronaje que en muchos momentos teníamos la sensación de que el traje que desfilaba ya lo habíamos visto  dos o tres veces… Su colección llamada “El cisne negro” presentaba un  “fourreau”  negro con adornos de azabache pero también unos vibrantes modelos en satén rosa y granate. Y vestidos de coctel  en blanco y negro de corte princesa con un largo justo a la rodilla.

 

El mayor lote de colorido vino de la  mano de Juanjo Oliva con una serie de vestidos  ajustados cortos y con abundantes recogidos y asimetrias  con mezclas de color impactantes: turquesa-amarillo, rojo-naranja, amarillo-fucsia…

 

FIELES A SI MISMOS

Hay diseñadores que lo tienen muy claro. Si una fórmula funciona hay que mantenerse en ella  salvo las actualizaciones de rigor. Así lo  ha entendido Miguel Palacio. Su colección empezó con unos trajes  del negro más absoluto, color que más tarde combinó con el azul marino. Soberbio el vestido blanco con vuelo campana con un cinturón de pasamanería. Abundancia de botones y  unas discretas lentejuelas sobre el lujo de la gran calidad de sus telas.

 

Con un estilo totalmente opuesto Francis Montesinos también es fiel a si mismo y a sus espectáculos  que levantan siempre la moral de la pasarela. Su folklorismo agresivo,  bajo el que se adivinan cortes y diseños muy bien trazados,  inundó la pasarela. Las  piezas de crochet fueron otro detalle que nunca olvida el  exuberante diseñador valenciano.

 

Duyos presentó una colección-apta para todas las edades - con estética retro junto a detalles futuristas, una de las más logradas de este diseñador  que dulcificó las siluetas, y mostró su habilidad en el manejo del color  con estampados animales y tonos empolvados. Victorio y Luchinno siguieron  con su nueva línea menos folklórica, pero con el recuerdo fugaz de otros tiempos en forma de algunos volantes moderados y un sin fin de flecos tipo mantón de Manila. Ana Locking  llamó a su colección “Inside”  que según sus propias manifestaciones  “mira hacia dentro, hacia el alma” con siluetas rectilíneas, encajes y escotes asimétricos. Aghata Ruiz de la Prada no se deshizo tampoco esta vez de sus tópicos  habituales  pero la alegría  y la fantasía de sus creaciones volvieron a animar  la pasarela con sus  invariables corazones y pequeños globos formando un modelo que al final  vistió la propia diseñadora al recibir los aplausos del público.

 

El broche de oro  de la Cibeles Fashion Week fue Elio Berhanyer el diseñador más veterano  que volvió a mostrarnos la magia de su costura perfecta. Una colección inspirada en la naturaleza con estampados florales sobre fondo blanco y con la única novia “reconocible”  que ha desfilado sobre la pasarela, vestida de organza  con velo de tul y un delicado ramo de flores. Un “happy end”  como de novela rosa para una semana  con sus luces y sus sombras pero que consolida la segura y ascendente marcha de la moda española.

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