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Educación y valores

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Gente en la calle“Durante las últimas décadas se ha diluido mucho la moral del esfuerzo. La causa fundamental de que la crisis económica se alargue indolentemente en España es la prevalencia de una generación juvenil apática, hedonista y narcisista. Durante las últimas décadas se ha diluido mucho la moral del esfuerzo… Digamos que la niñez y la adolescencia se alargan más allá de las edades correspondientes, según la biología. Una juventud infantilizada es incapaz de desplegar valores de disciplina, esfuerzo y autodominio, por lo menos fuera de algunas prácticas deportivas. Sin esa mentalidad de esfuerzo, el estudio y el trabajo resultan poco productivos. La actual crisis económica es más que nada de productividad.

Parece un pleonasmo, pues, si se educa a los menores, es para que aprendan a valorar lo bueno: el conocimiento, la justicia, la belleza. Pero no está de más que se junten esas dos palabras, educación y valores, porque ambas estás en crisis. Al hablar de esas dos ideas, resulta imprescindible emplear el “deber ser” (= hacer algo que es bueno o deseable). No hay que confundir esa acción con el “deber de ser” (= es posible que suceda). Ya la misma confusión entre las dos formas verbales, que es muy común, indica que en España atravesamos una grave crisis de valores.

Hay un acuerdo general en España sobre la famosa decadencia de la educación y la pérdida de valores, pero no hay un gran consenso respecto a en qué puedan consistir ambas dislocaciones. Se debe reconocer que durante la última generación ha habido en España un incremento destacadísimo de la cantidad de personas con estudios, con títulos educativos. Pero deja mucho que desear la calidad de los contenidos de esa educación. No es aceptable el hecho de que un país como España, que cuenta con universidades desde la Edad Media, no cuente ahora mismo con ninguna de ellas entre las cien más prestigiosas del mundo. Desde el primer premio Nobel científico en 1905 (Santiago Ramón y Cajal), las universidades españolas no han producido otro. Hay una pléyade de científicos nacidos en España, pero muchos de ellos se asimilan a centros extranjeros. Cualquier profesor universitario en España puede certificar el descenso de la calidad en la enseñanza superior. La clave está en que los primeros escalones educativos no preparan suficientemente a sus alumnos. Quizá sea una excepción en España la magnífica dotación de algunas escuelas de negocios, pero su alcance es muy restringido.

El asunto no es baladí. La causa fundamental de que la crisis económica se alargue indolentemente en España es la prevalencia de una generación juvenil apática, hedonista y narcisista. Durante las últimas décadas se ha diluido mucho la moral del esfuerzo, la que supuso el milagro económico español de antaño. Digamos que la niñez y la adolescencia se alargan más allá de las edades correspondientes, según la biología. Una juventud infantilizada es incapaz de desplegar valores de disciplina, esfuerzo y autodominio, por lo menos fuera de algunas prácticas deportivas. Sin esa mentalidad de esfuerzo, el estudio y el trabajo resultan poco productivos. La actual crisis económica es más que nada de productividad. Cierto es que los jóvenes son sumamente expertos en la cacharrería informática, pero la emplean sobre todo como un ejercicio de solaz. En el mejor de los casos, el manejo informático es un medio de comunicación, pero no tanto de curiosidad o de aprendizaje.

En el mundo profesional donde me muevo es corriente que se pague a todos lo mismo por la obra hecha, sin que intervenga la calidad del resultado o el tiempo de preparación. En cuyo caso no hay mucho aliciente para esmerarse en el trabajo.

He dado muchas conferencias en España, algunas en los Estados Unidos o en Alemania. En las charlas españolas la audiencia está constituida principalmente por personas de edad madura. En los otros países los auditorios se llenan de estudiantes. Lo cual parece lógico, pero no lo es en el caso español. Mi experiencia me dice que en los Estados Unidos o en Alemania hay siempre un alumnado universitario para escuchar a un conferenciante en español. En cambio, en las universidades españolas es raro que pueda darse una charla en inglés con una audiencia suficiente.

La cuestión no está en acumular conocimientos sino en cambiar de actitudes. El sistema educativo español no prepara para la curiosidad científica o cultural. Es raro que en los centros de enseñanza españoles los alumnos de cualquier nivel pasen exámenes orales. El examen oral es un método insustituible para que se desarrolle la capacidad de expresión. Así vemos que tantos hombres públicos no saben enhebrar un discurso sin leerlo. También es común el error contrario: hablar en público de forma improvisada, sin notas delante, sin una preparación sobre lo que se va a decir.

Hay un valor previo que contribuye a desorientar el sistema educativo español. Es la idea prevaleciente de que la justicia es dar a todos lo mismo. No; desde el Derecho Romano la justicia es dar a cada uno lo suyo, esto es, lo que merece. Las becas y otras facilidades de estudio, en todos los grados de la enseñanza, deben otorgarse por el mérito de los alumnos. No deben contar tanto los ingresos de los padres o las cuotas de sexo.

Es un error la temprana especialización en los estudios. El dominio de la Historia o la Literatura debe alcanzar también a los que siguen una carrera científica o técnica. Por lo mismo, los estudios humanísticos deben fomentar el conocimiento científico o matemático. El valor fundamental de la educación es el fomento de la curiosidad, del placer de conocer.

Amando de Miguel es sociólogo.

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