Sociedad

Significado de la Constitución de Cádiz en nuestra historia

Escrito por Pedro Julio Tenorio Sánchez. Publicado en Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas.

En el presente año se conmemora el segundo centenario de la que fue nuestra primera Constitución, promulgada en Cádiz el 19 de marzo de 1812. Fue obra de  unas Cortes convocadas por una Regencia en la que resignó sus poderes la Junta Central que coronaba el conjunto de Juntas que nacieron de manera espontánea en regiones, provincias o comarcas para organizar la resistencia frente al invasor francés, tras el alzamiento del pueblo de Madrid el 2 de mayo de 1808.

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Supuso el cambio del Antiguo Régimen al Nuevo, es decir, de la monarquía de origen más o menos divino, al régimen constitucional. Lo primero que hay que subrayar al sintetizar el significado de la Constitución de Cádiz de 1812 es que supone la aparición del constitucionalismo en nuestra Nación. La gaditana es nuestra primera Constitución, pues es unánime la consideración de la de Bayona de 1808 como impuesta por Napoleón, y en consecuencia, no española. Así pues, la novedad que los constituyentes gaditanos aportaron a nuestra historia es algo que hoy parece elemental: un código constitucional, dividido en títulos y artículos, que regulaba la organización de poderes, la ordenación administrativa, financiera y militar, pero también los principios de la vida social y la educación de los ciudadanos.

Es cierto que la obra de los representantes gaditanos se inspiró en elementos foráneos, en particular en la Constitución francesa de 1791, pero aunque se utilizara en gran medida una fórmula ya existente, en ella opera un impulso autóctono, de modo que incluso las formulaciones revolucionarias encuentran parcialmente su origen en ideas y procesos desenvueltos en nuestro siglo XVIII.

 Que la novedad radical era la propia existencia de un código de inspiración racionalista que regulara la vida política y social, se percibe si tenemos en cuenta que la polémica inicial de nuestro siglo XIX no tiene lugar tanto entre democracia y monarquía como entre monarquía absoluta y monarquía constitucional. De modo que nuestra Constitución de 1812 se convertiría en un símbolo político. Es más, el mismo término “Constitución”, seguramente más que las palabras “libertad” o “democracia”, recababa la condición de bandera popular.

 La Constitución de Cádiz formula principios políticos revolucionarios en aquel momento, en particular los de soberanía nacional (frente a la del monarca) y división de poderes. Si no hubiera formulado estos principios, no sería una Constitución en sentido técnico. Pero los constituyentes se esforzaron en compatibilizar esos principios con nuestras tradiciones e intentaron presentarlos como una continuidad de las tradicionales leyes fundamentales del Reino. Hasta tal punto fueron respetuosos con las tradiciones, que el propio Menéndez y Pelayo, que en su Historia de los heterodoxos españoles censura con acritud a los reformadores de Cádiz, reconoce que su obra fue más criticable por sus efectos que por lo que en sí hicieron.

En este sentido, cabe resaltar que los constituyentes confundieron política y religión. Faltaba todavía mucho tiempo para el Concilio Vaticano II. Los reformadores de Cádiz pusieron su obra bajo el nombre de Dios, como Supremo Legislador, al iniciar su tarea constituyente; ordenaron rogativas públicas a Dios como Padre de todas las luces y a la Virgen como Patrona de España, para que otorgaran al congreso las necesarias para llevar a cabo su obra. En el artículo 12 de la Constitución proclamaron que “la religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera”, obligándose la Nación a protegerla y prohibiendo el ejercicio de cualquier otra.

La Constitución, desde su publicación hasta el retorno de Fernando VII tuvo una aplicación limitada porque gran parte del país estaba todavía ocupada por los franceses, porque la atención pública se hallaba absorbida por la guerra, y porque estaba ausente uno de los principales protagonistas del juego constitucional: el Rey.  Fernando VII, cuando regresó a España en un decreto dado en Valencia el 4 de mayo de 1814 declaró sus preceptos “nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás tales actos”.

Después de 200 años, la Constitución gaditana sigue siendo la Constitución española que suscita más atención de juristas e historiadores, abstracción hecha de la vigente.

La Constitución de 1812 tuvo influencia también fuera de España, tanto en el constitucionalismo europeo, (Bélgica, Nápoles, incluso fue traducida al ruso) como sobre todo en el Hispanoamérica. El proceso de independencia de la América española, más que una guerra entre metrópoli y colonias, fue una guerra civil americana entre absolutistas y liberales. La bandera de los segundos fue la Constitución gaditana de 1812. Todavía la Constitución argentina actual, que data de 1853, contiene unos 30 artículos basados en el texto gaditano.

Pedro Julio Tenorio Sánchez

Catedrático de Derecho Constitucional UNED