Sociedad

El Opus Dei y la próxima película sobre el Código Da Vinci

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«Vamos a convertir el limón en limonada», afirma un portavoz de la Obra. ¿Cuál será el acontecimiento más destacado del año 2006? Según una portada de la edición estadounidense de la revista «Newsweek» el gran evento será la millonaria producción cinematográfica «El Código da Vinci».

 

 

Por primera vez, en esta entrevista, un representante del «malo de la película», la prelatura del Opus Dei, ofrece su visión sobre esta producción, que Sony-Columbia presentará en mayo con Tom Hanks y Audrey Tautou como protagonistas.

 

Marc Carroggio, responsable de la relación del Opus Dei con los medios internacionales, reconoce a Zenit que el libro y la actual expectativa «están resultando una especie de publicidad indirecta para nosotros».

 

Carroggio adelanta que ante la película, que ha sido filmada en el Museo del Louvre (en París), no habrá ninguna declaración de guerra contra nadie: se trata de aprovechar el gran interés suscitado para proponer la figura de Jesucristo, subraya.


-¿Qué es lo que más les disgusta del libro y ahora de la película?


Ya sé que la ficción tiene sus propias reglas y no hay que tomarla demasiado en serio. Pero, como a cualquier cristiano, me disgusta la frivolidad con que el libro juega con la vida de Jesucristo.


Además, el problema de un guión de este tipo es que «criminaliza» a un grupo de personas. Presenta a la Iglesia como una banda de delincuentes que durante dos mil años ha estado dispuesta a todo con tal de mantener escondida una gran mentira.

Aunque resulte grotesco, y a veces algo cómico, se acaba ofreciendo un retrato odioso de una institución, y está comprobado que los retratos odiosos generan sentimientos de odio en personas que carecen de recursos críticos.


Me parece que no necesitamos más caricaturas de ninguna religión. Tendríamos que estar todos de la parte de la concordia, de la tolerancia, de la comprensión. No se puede pedir la paz con la mano izquierda y golpear con la mano derecha.


- El Opus Dei no acostumbra a emitir reacciones oficiales ante acontecimientos. ¿Se hará una excepción con la película del Código da Vinci?


Hay quien está esperando una especie de declaración de guerra, por parte de la Iglesia católica y, dentro de ella, del Opus Dei. Quizá sería interesante para el márketing de la película: ya sabe, un conflicto entre poderes y todo eso.


Pero puedo asegurarle que la única respuesta que llegará del Opus Dei será una declaración de paz. Nadie va a formular amenazas, ni promover boicots ni nada parecido.

La verdad es que habríamos agradecido un gesto explícito de respeto de la empresa productora, Sony Columbia. Sin embargo, por su parte sólo ha habido lo que podríamos llamar «amable indiferencia», sin muestras concretas de sensibilidad hacia las creencias religiosas.


- ¿Cuál piensa usted que será la reacción de las personas del Opus Dei?

La reacción de las personas del Opus Dei será la misma que la de muchos otros cristianos: intentar convertir el limón en limonada.


En realidad estamos ante una gran oportunidad de hablar de Jesucristo. Pienso que el interés por la figura de Jesucristo explica en parte la difusión de la novela. Es el típico caso de parasitismo cultural: hacerse famosos polemizando con famosos; presentar la trasgresión como arte. Si no fuera Jesucristo el personaje que está en el centro de la trama de la novela, se desinflaría su interés.


Opino que la mejor respuesta es facilitar el conocimiento de Jesucristo, con medios adecuados. Intuyo que este año mucha gente se animará a leer el Evangelio, consultará algún buen libro sobre la vida de Cristo, y quizá se planteará los grandes temas de la fe, que dan luz a las preguntas más difíciles sobre la existencia humana.

Para mí, todo esto es convertir el limón en limonada.


- En cierto modo Dan Brown ha puesto más de moda el Opus Dei y ustedes tienen la oportunidad de explicarse. ¿Han notado un mayor interés informativo?

Sin duda. En estos meses pasados, sólo en Estados Unidos, más de un millón de personas se han puesto en contacto con nuestro website (http://www.opusdei.org), en parte gracias al revuelo causado por el Código Da Vinci.

Está resultando una especie de publicidad indirecta para nosotros.


Me viene a la memoria algo que sucedía en los antiguos países comunistas. Si un órgano oficial publicaba un artículo contra la Iglesia, que incluía también ataques al Opus Dei, recibíamos mensajes clandestinos de personas de esos países, que leían los textos al revés, «en negativo»: habían llegado a la conclusión de que el Opus Dei tenía que ser interesante, si era criticado por quienes critican también a la Iglesia católica. Con el Código Da Vinci está ocurriendo algo parecido.


Ya hemos hecho bastante limonada con el libro y esperamos aumentar la producción con la película, Dios mediante. Intentaremos realizar un esfuerzo informativo, ofreciendo plena apertura y disponibilidad: puertas abiertas. Nos gustaría dar, a quienes lo deseen, la oportunidad de conocer el Opus Dei de primera mano. Algo que no han querido hacer ni el autor de la novela ni el director de la película.


- ¿Llevarán a cabo alguna acción legal contra la película?


Sinceramente, no lo creo. Desde luego, me parece que habría motivo más que suficiente: imagine que una película revelase que Sony-Columbia no es lo que hasta ahora pensábamos, sino una empresa mafiosa, una secta asesina. No creo que sus abogados se contentasen con un cartel que dijese: no se preocupe, es sólo ficción. Estoy convencido de que amenazarían con una denuncia.


Pero también es cierto que un juicio es como el símbolo de un conflicto institucional: daría lugar al «caso Opus Dei versus Sony-Columbia». Me suena irreal. Ya le he dicho que lo único que va a hacer el Opus Dei es una declaración de paz. Para pelear hacen falta dos, y en este caso no habrá quórum.


Por otra parte, hay personas del Opus Dei en sesenta países. Algunos de ellos promueven, con sus colegas, centros de formación profesional para campesinos, o para jóvenes sin expectativas de empleo, o también hospitales en zonas deprimidas. Todas esas iniciativas viven gracias al apoyo económico de muchos colaboradores. Es claro que la novela y la película pueden dificultar su labor de recogida de fondos. Por esa razón, no me sorprendería que algunas de esas organizaciones solicitaran indemnizaciones económicas.


- ¿Van a desaconsejar a los miembros del Opus Dei (más de 80.000 personas en el mundo) esta película, o prefieren que la vean para que se percaten de lo mal que se ha entendido el Opus Dei en algunos círculos?


Los miembros del Opus Dei son adultos. No vamos a hacer nada de ese estilo.


Una cuestión interesante es si esta película no tendría que reservarse solamente a mayores. Cualquier adulto distingue realidad de ficción: basta con un poco de cultura. Pero, ante una manipulación de la historia, a un niño le faltan elementos de juicio: no basta añadir un cartel de «ficción». Así como se les protege de las escenas explícitas de sexo y violencia, ¿no habría que protegerles de la violencia expresada de forma más sutil, y por eso más insidiosa?


Me parece razonable sentir esta preocupación. Además de pensar en el beneficio económico, es preciso pensar en la posible influencia negativa sobre los jóvenes. Insisto, no estamos en tiempos de sembrar discordia entre personas, países y religiones, sino de promover la concordia.


El Opus Dei invita a Sony- Columbia a «evitar ofensas» en la versión final de «El Código Da Vinci»

Juan Vicente Boo, corresponsal en Roma del periódico ABC.

 

El filme de Ron Howard -con Tom Hanks y Audrey Tatou como protagonistas- está en fase de posproducción y se podrían moderar los aspectos ofensivos denunciados

 

Si alguien hiciera una película en la que el presidente de la gigantesca Sony Corporation explota un enorme engaño y utiliza un asesino para matar a quienes pueden revelar la verdad, es muy probable que la «ficción» acabase ante los tribunales de Nueva York o de Tokio. Por desgracia para los abogados de la multinacional, ni el Vaticano ni el Opus Dei piensan llevar a Sony-Columbia a los tribunales por «El Código Da Vinci»: únicamente invitan a reflexionar sobre las consecuencias de una película que denigra a Jesucristo y a la Iglesia. Aconsejan evitar el error mientras todavía hay tiempo.

 

En un calibrado aviso a la multinacional del espectáculo y la electrónica, el Opus Dei recordó esta semana que «no tenemos intención de polemizar», pero invita a Sony-Columbia «a evitar las ofensas mientras es todavía posible». El comunicado señala que «faltan todavía tres meses para el lanzamiento del filme. Por eso mantenemos la esperanza de que en la versión final no haya referencias que hieran a los católicos. Sería un gesto conciliatorio y muy de agradecer, justo cuando las penosas consecuencias de la intolerancia están a la vista de todos».

 

El filme de Ron Howard -con Tom Hanks y Audrey Tatou como protagonistas- está en fase de posproducción y se podrían moderar los aspectos ofensivos denunciados por varios cardenales y por los obispos de Estados Unidos, donde se han producido las mayores ventas de la novela y se prevé la mayor audiencia para la película.

 

Hace unas semanas, el portavoz del Opus Dei para medios internacionales, Marc Carroggio, advirtió: «Aunque el producto sea grotesco, y a veces ridículo, presenta un retrato odioso de una institución. Y ya se sabe que los retratos odiosos generan sentimientos de odio en las personas sin capacidad crítica. No hay necesidad de hacer una caricatura de la religión, de ninguna religión».

 

Carroggio excluye cualquier acción legal del Opus Dei, «aunque habría motivos más que suficientes. ¿Se imaginan que una película revelase que Sony-Columbia no es lo que pensábamos, sino una organización mafiosa y una secta de asesinos? No creo que sus abogados se contentasen entonces con una declaración del tipo: «No se preocupen, es sólo ficción»».

 

La película ofende también a los albinos norteamericanos, cuya asociación intentó sin éxito que Sony Pictures no se cebase con el personaje del sádico monje albino, quien asesina de modo brutal a los custodios del secreto «cuya revelación destruiría los fundamentos mismos de la Humanidad», según uno de los diálogos de la película.

 

La Organización Nacional de Albinismo e Hipopigmentación lamenta que la imagen del albino asesino y sádico vuelva a escena de la mano de Sony después de haber estado ausente por primera vez durante dos años en 2004 y 2005. Según el dermatólogo californiano Vail Reese, quien trabajó con representantes de los 17.000 albinos americanos en el intento de evitar el enésimo cliché, «el personaje del monje que lleva una pistola, se flagela, dispara y estrangula a la gente es ya bastante odioso sin necesidad de ser albino».

 

Ofrecemos un comunicado de prensa de la Oficina de Información del Opus Dei en Roma, difundido el 14 de febrero, con motivo de la película 'El código da Vinci'.


Oficina de Información del Opus Dei en Roma

14 de febrero de 2006

 

Durante los últimos días, nos llegan muchas preguntas acerca de la película sobre el Código Da Vinci.


Deseamos reiterar lo que ya dijimos el pasado 12 de enero: no tenemos ningún deseo de polémica, no habrá ningún boicot ni nada parecido. Seguiremos manejando esta situación con una actitud de transparencia, serenidad y espíritu constructivo

El Código Da Vinci ofrece una imagen deformada de la Iglesia Católica. La publicidad del libro y de la película representan una buena oportunidad de mostrar la auténtica realidad de la Iglesia.


En la encíclica Deus Caritas est, Benedicto XVI ha señalado que la caridad es un rasgo esencial de la Iglesia: “El amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres” (n. 19).


En ese sentido, éste puede ser un momento adecuado para dar a conocer la labor de servicio que desarrollan en África los católicos, desde hace muchos siglos; y para sostener el empeño de numerosas instituciones de la Iglesia en ese continente, que sigue siendo una de las grandes emergencias del mundo.


Muchas personas se sienten dolidas por la falta de respeto del Código Da Vinci a las creencias de los cristianos. Nos gustaría invitar a esas personas a manifestar su disconformidad de forma serena y constructiva: dando a conocer alguna iniciativa de educación o de cooperación promovida por los católicos en África; o contribuyendo a su sostenimiento con una pequeña aportación. Nos damos cuenta de que una ayuda de ese tipo es sólo un gesto simbólico, pero tiene también un significado concreto y positivo.


Harambee 2006 presenta cuatro proyectos promovidos por católicos en África, dos de ellos por miembros del Opus Dei. Pero hay muchas otras iniciativas que merecen la colaboración de todos, y no es difícil escoger una.


Informar sobre las actividades de solidaridad de los católicos en África es un modo de lograr que la discusión pública provocada por el Código Da Vinci no se quede en una polémica estéril. Es una forma de conseguir que el debate deje un fruto positivo: un mejor conocimiento de un aspecto esencial de la Iglesia Católica, y una ayuda concreta a personas necesitadas.

 
Al mismo tiempo, seguimos confiando en la sensibilidad de Sony-Columbia, en su capacidad de reacción constructiva.


Es fácil comprender que no basta dar al ofendido la oportunidad de defenderse, mientras se mantiene la ofensa. Estar a la altura de las circunstancias significa evitar la ofensa, cuando aún posible.

 
Quedan todavía tres meses para el estreno. Por tanto, mantenemos la esperanza de que no haya, en la edición final de la película, referencias que pueden herir a los católicos. Esa decisión sería un gesto conciliador muy apreciado, precisamente en estos momentos en que todos lamentamos las penosas consecuencias de la intolerancia.

Sony - Columbia está a tiempo de hacer una contribución a la concordia, de gran importancia en el contexto actual: puede demostrar que son compatibles la libertad de expresión y el respeto a las creencias; puede confirmar que el respeto es un acto libre que nace de la sensibilidad, no una consecuencia de la censura ni de las amenazas.

Al tomar una decisión conciliadora, Sony – Columbia haría un gran servicio a la causa del diálogo entre las culturas, y honraría la respetable tradición de esas empresas.

 

 

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