Sociedad

«Este Papa es un intelectual posmoderno, un académico al que se le entiende»

Escrito por La Razón. Publicado en Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas.

«El modo de proceder de Ratzinger lo comprendí mejor el verano pasado, cuando estuve unos días en una “Kurhaus” de la Suiza alemana. Durante una semana los médicos se dedicaron sólo a hacerme visitas sin decirme nada. La terapia comenzó más tarde. Antes era necesario un diagnóstico». Así define el «método Ratzinger» Vittorio Messori, el periodista que quizá ha conocido más de cerca a los dos últimos papas.


Sus dos bestseller mundiales «Cruzando el umbral de la esperanza», conversaciones con Juan Pablo II, y «Diálogo sobre la fe», conversaciones con el cardenal Ratzinger, así lo confirman. Es, quizá, la persona más adecuada para realizar un balance de este pontificado. Y lo hizo hace unos días en una entrevista concedida al «Corriere della Sera». «Para ser sinceros, hace unos meses también yo me descubrí pensando “Santidad, por Dios, muévase un poco”», confiesa. «Me parecía que estaba haciendo poco, pero no es cierto. Benedicto XVI es un hombre al que no le gustan los baños de multitudes. Ha reducido drásticamente sus apariciones públicas y los viajes serán tres o cuatro al año, pero hace lo que Juan Pablo II descuidaba un poco: estudia los dossieres. Es pura escuela alemana. Se toma tiempo para el diagnóstico. Todo lo que dice lo escribe él, sentado a su mesita. En la “Deus est charitas” resulta evidente, se reconoce su estilo», continúa Messori. Un Papa que mira a los ojos. Cuando se le pregunta si considera a Benedicto XVI un Papa más inaccesible, responde: «Sólo en cierto sentido. Si nos fijamos en las imágenes de Juan Pablo II, se ve cómo estrechaba miles de manos, a la carrera, pero mirando poco a la cara a sus interlocutores. Ratzinger mira a los ojos, siempre. Se para a hablar con cada uno, quiere saber a quién tiene delante. Cuestión de carácter, supongo. Pero no sólo eso. Wojtyla era un hombre de cristiandad: quería que el Evangelio fuera anunciado a todos los pueblos. Para él las multitudes eran su hábitat. Benedicto XVI es un hombre de interioridades, un intelectual posmoderno. Un hombre que, si pudiera, hablaría siempre de tú a tú», asegura el periodista católico. Y vuelve sobre sus pasos para matizar: «Con esto no quiero decir que Benedicto XVI no atraiga a las masas. Navarro Valls me decía ayer que las audiencias se han triplicado y hasta cuadruplicado. Esto se explica por dos motivos: uno, el efecto imán de Juan Pablo II, que devolvió a Cristo al centro del debate mundial. En el 78, antes de su elección, la crisis de la Iglesia era tremenda: en San Pedro sólo había turistas. El año pasado, en su funeral, ya hemos visto lo que ocurrió. El otro motivo lo explicaba muy bien un periódico alemán: “Ratzinger, el académico al que se le entiende”. Benedicto XVI es un profesor, pero con un gran respeto por su interlocutor. Habla con densidad y seriedad, pero esforzándose por hacerse entender. Y esto la gente lo percibe», señala. Reformar la Curia. Se adentra Messori en la visión de la Iglesia desde el inicio del Pontificado de Benedicto XVI: «Este Papa quiere simplificar las cosas. Recuerdo que una vez le pregunté, “Eminencia, me imagino que como buen bávaro le gustaría que el centro de la Iglesia estuviera en Alemania...”. Él me miró un poco sorprendido y me dijo: “Por Dios, tendríamos una Iglesia demasiado organizada. Y la organización sofoca el Espíritu”. A Ratzinger no le gusta el barroquismo curial y la hipertrofia burocrática. Busca simplificar, aligerar las cosas». Messori revela cómo se debería llevar a cabo esta simplifiación: «Para reformar la Curia es necesario un documento oficial del Papa. Hace falta tiempo. Lo hará por amor a la Iglesia. Pero creo que humanamente le costará mucho esfuerzo. Será doloroso. Es posible que busque caras nuevas, pero sin crearse alrededor redes demasiado tupidas», asegura el periodista.

Irremediablemente europeo. El análisis continúa con el pensamiento del Papa. «Ratzinger ha sido siempre un pensador eurocentrista», afirma Messori. «Es un intelectual, un teólogo occidental que en sus discursos tiene siempre como interlocutor al hombre occidental. No tiene ilusiones “tercermundistas”. Sabe que el futuro de la Iglesia se juega aquí, a pesar de todo. Hay razones teológicas para esto: ya en los Hechos de los Apóstoles parece existir una advertencia misteriosa sobre la prevalencia de Occidente en el desarrollo de la fe. Pero existen también motivos históricos: de las nuevas Iglesias, en el fondo, todavía no ha llegado nada verdaderamente relevante, nada comparable a la vitalidad del catolicismo europeo. La teología de la liberación, vendida como fenómeno sudamericano, desde el punto de vista teórico es toda obra de alemanes y franceses. La misma Iglesia de EE UU, a pesar de los dólares y los 70 millones de fieles, no ha aportado nunca novedades reales: una orden importante, un movimiento, un gran teólogo...nada. Por no hablar de África y de Asia. Benedicto XVI tiene las ideas claras: para él cuenta más mantenerse firme en una parroquia de las Marcas o devolver la vida a las iglesias de Inglaterra que conquistar a los fieles en una diócesis africana», sostiene. «Quizá por esto está buscando devolver a la Iglesia a los lefebvrianos y lanza señales cada vez más fuertes a los ortodoxos». Para Messori, el ecumenismo parte de la unidad de la Iglesia. «Algunos obispos se han empeñado durante años en el diálogo con las iglesias protestantes, pero son un fantasma que se han quedado sin pueblo: tienen profesores, pero no tienen fieles. Gastar energías con ellos sirve de poco», calibra Messori, que prosigue con las relaciones con el islam: «También aquí está haciendo el diagnóstico antes de empezar con la terapia», asegura. «Seguro que sabe que los musulmanes no son un monolito: eso quizá lo piensa sólo Bush, que se ilusiona y los combate con bombas. De hecho, si sigue así, creo que se llegará a un choque entre los EE UU y el Vaticano», aventura el escritor. «La verdadera dificultad en este ámbito está en encontrar a los interlocutores adecuados. El Papa lo sabe, y los está buscando».

 

«El error es convertir la liturgia en un show»

La Razón

Messori no olvida uno de los grandes temas del pontificado de Benedicto XVI: la liturgia. «Para él es una de las mayores traiciones del Concilio. El verdadero error es pensar en la liturgia como si fuera un show, con el sacerdote que cierra la función diciendo buenas tardes a todos y hasta la próxima, como ocurre en muchas iglesias. Para Benedicto XVI la fuerza de la misa está, precisamente, en la repetición, en decir las mismas cosas todos los días del mismo modo, alternando gestos y silencios. El sacerdote es solo un instrumento al servicio del pueblo. Hasta el Papa lo es. Y, de hecho, las celebraciones papales se han vuelto mucho más sobrias. Me dicen que los realizadores de la RAI están descolocados, porque este Papa ha reintroducido la adoración eucarística dentro de la misa: silencio y oración ante el sacramento, que es lo más antitelevisivo que puede haber. Porque, ¿qué haces en esos momentos, encuadras la hostia y esperas?», comenta.
«Ratzinger quiere hacer a la Iglesia menos “papacéntrica”. El carisma de Wojtyla, de alguna manera, hizo que la Iglesia se identificase con un hombre, pero Ratzinger busca ser lo menos invasor posible. No quiere que la Iglesia se convierta exclusivamente en el hombre que la guía. Aunque quizá la mayor diferencia entre ambos está en la misma idea de la fe: Juan Pablo II era un temperamento místico, y el místico no necesita razonar la fe. Ve. Toca. Constata. Para él la fe era una evidencia. No dejaba lugar a dudas o preguntas. Para Benedicto XVI la fe es un redescubrimiento diario, que es necesario explicar, buscarle las razones. Se interroga sobre la fe y conoce la posibilidad de la duda. No es que él mismo dude, pero se da cuenta de que gran parte de los hombres occidentales lo hacen. Y quiere responderles también a ellos», concluye.

 

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