Sociedad

Los profesionales de la moda tienen una tarea de enorme trascendencia humana y social

Escrito por MªMercedes Álvarez (asmoda.com). Publicado en Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas.

No es periodista ni profesional del diseño ni dueño de una multinacional de lujo. Es filósofo. Un “pensador” al que le gusta detenerse y teorizar –“para llevar luego a la vida práctica”, afirma- sobre el fenómeno de la moda, su entroncamiento con la cultura, su relación con la belleza y la dignidad de la persona, con los usos y costumbres sociales. Alfredo Cruz Prados ha participado en el Congreso Internacional de Moda (CIM2008) que, organizado por la Asociación Moda, Universidad y Empresa (AMUE) y el Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid (CSDMM), se ha celebrado en el Museo del Traje.

Cruz Prados es profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Navarra. Doctor en Filosofía, investigador y ensayista. Ha impartido cursos, seminarios y conferencias en centros nacionales y extranjeros. Tiene publicados numerosos artículos sobre moda, ética y sociedad, y varios libros sobre pensamiento político y filosofía. En el CIM ha pronunciado una conferencia titulada “La función humanizadora de la moda”.

 

 

-Profesor, ¿en qué consiste esa función humanizadora de la moda?

-El ser humano tiene una naturaleza y debe encontrar el modo de vivir esa naturaleza adecuadamente. Un ejemplo que pongo muchas veces es el comer: por naturaleza el hombre tiene que comer, pero el comer se puede humanizar o no. Por ejemplo, comer a dentelladas es un modo de alimentarse animal aunque lo realice el hombre. Cuando humanizamos algo tan básico y biológico como es el comer estamos ante la gastronomía, la dietética, el protocolo, etc. Comemos en la mesa con platos, con cubiertos, conversando con otros... hemos culturizado lo biológico. Eso es función de la cultura, ya que ésta humaniza la práctica de nuestra naturaleza. Con la moda pasa lo mismo. La moda es cultura, porque humaniza una dimensión: nuestra presencia física concreta, nuestro modo de estar con el vestido.

 

-¿Puede haber una moda que deshumanice?

- Sí. La moda puede deshumanizar tanto como una determinada forma de comer deshumaniza. La moda que biologiza nuestra presencia física nos deshumaniza: un cuerpo desnudo no dice más allá que lo que muestra la pura biología. El vestir lo que hace no es sólo cubrir el cuerpo, sino cargar de sentido y expresividad nuestra presencia física.

 

-¿Eso significa que cuanto más elaborados sean los diseños más humanos son?

-No necesariamente. Sí tiene que tener elaboración, cierta creatividad, pero no significa que sea mejor cuanto más artificiosa sea la moda. Hay que mantener un equilibrio entre la pura biología y la complejidad excesiva en el diseño, que lo haga incomprensible. Un exceso de artificiosidad en le vestir puede ser algo tan impenetrable como la desnudez.

 

-Pero la corriente naturalista, un poco rousseauniana, de volver a los orígenes y como consecuencia desvestir el cuerpo, ¿no es también un tipo de cultura?

-No. Eso es renunciar precisamente a la cultura, porque es pensar que lo humano radica sólo en lo primario y biológico. Precisamente lo que caracteriza al ser humano es que no puede haber contraposición entre naturaleza y cultura porque lo “natural” en nosotros es crear cultura. Es como decir que lo natural es no hablar, porque lo espontáneo es estar callados. Todos, para hablar, tenemos que haber aprendido un lenguaje que sólo se aprende en sociedad. No se puede confundir la naturaleza del hombre con la espontaneidad o el primitivismo, sino al revés: lo natural al hombre es cultivar lo primario y entonces comienza la cultura. Andar sobre los dos pies no es algo espontáneo, el niño tiene que aprenderlo, pero es la forma motriz natural al ser humano.

 

-¿Considera el pudor en el vestir una aptitud natural de la persona, o algo cultural fruto de un aprendizaje?

-El pudor es tanto un sentimiento natural como cultural, porque hay que educarlo. Por el hecho de que sea adquirido no deja de ser natural. Es como el bipedismo, es natural y hay una tendencia hacia él, pero hay que aprenderlo. El pudor facilita esa humanización de la forma en que vestimos.

 

-La necesidad de proteger el cuerpo del clima ha existido desde el mismo origen del hombre. ¿Cuándo se convierte en el fenómeno llamado “moda”?

-Hay que distinguir entre abrigarnos el cuerpo y adornarlo. Si consiste sólo en proteger el cuerpo del frío es una necesidad primaria. La moda aparece cuando buscamos algo más que una simple satisfacción de una necesidad material, haciendo que esa manera de abrigarnos exprese algo de nosotros.

 

-¿Quién cree que humaniza más la moda: quién la crea o quién la elige y la lleva?

-Yo distinguiría entre diseño y moda, porque es la gente, el público, quien convierte en moda el diseño de un modisto. El diseñador propone un producto y lo presenta, bien en una pasarela o en un escaparate. Aquello será moda si el público lo acepta, lo incorpora a su vestimenta y cobra vigencia social. El diseñador no sabe si su diseño será un éxito o un fracaso. La decisión final la tiene el consumidor.  El creador de moda debe ser consciente de que si quiere que su propuesta se convierta en moda tiene que cumplir unos requisitos: que sea ponible, que su diseño lo entienda la gente, que humanice a la persona que vista su modelo. Es como si uno escribe un libro y quiere que se convierta en best seller, para ello lo tiene que escribir de un modo determinado, si lo hace en un lenguaje minoritario no será un best seller. Quienes por un exceso de excentricidad proponen algo que no encaja con las condiciones sociales, no están haciendo moda propiamente dicha, sería simplemente estética.

 

-¿Refleja siempre la moda la personalidad y los valores que mueven a una persona o no tiene por qué?

-La moda debería reflejar nuestros valores. Pero no siempre lo hace. Nuestro modo de vestir debería dar a conocer algo de nosotros mismos. Es un lenguaje. Nuestra presencia tiene que estar diciendo de nosotros algo sin necesidad de que lo expresemos con la palabra. Nuestro atuendo habla elocuentemente sobre nosotros mismos, aunque no tengamos esa intención. Por eso deberíamos ser coherentes en nuestra forma de vestir.

 

-Pero la gente en general no es muy consciente de todo esto...

-No, no mucho. Ahí entra el fenómeno de la masificación. Cuando la moda es despótica, cuando la gente viste lo que sea simplemente porque está de moda -y hoy viste de un modo y mañana de otro e, incluso de una forma contradictoria-, se pone de manifiesto que hay una falta de personalidad, que alguien ha renunciado a decir algo de sí mismo. Esto le convierte en un ser moldeable, sin personalidad.

 

-¿Cuáles son los síntomas de que la moda esclaviza?

-La moda puede esclavizar cuando uno está dispuesto a dejarse esclavizar, cuando uno no tiene un concepto claro de lo que quiere. La moda esclaviza cuando lo único que se busca es la mimetización, ser una pieza más del entorno social, cuando no hay reflexión. Cuando uno lo único que busca es reconocimiento en el grupo y su único punto de referencia es el entorno social, se deja esclavizar por la moda.

 

-¿Piensa que existe hoy demasiado afán por “parecer” más que en “ser”?

-Más bien tenemos que parecer lo que somos, y con el vestido lo que mostramos en la apariencia. La coherencia es que la apariencia muestre lo que somos. El problema es cuando uno no sabe qué es, no tiene identidad, entonces lo que busca es ser como otros, una imitación pasiva.

 

-¿Es la belleza un factor de humanización de la moda?

-Las personas buscamos la belleza de forma natural. El feísmo en el arte o en la moda es una postura muy afectada, muy artificiosa, y que puede ser producto de un cansancio, de una esterilidad creativa, porque quizás no se sabe crear algo bello y entonces el recurso para la originalidad estriba en lo negativo, lo destructivo, lo vulgar. La cultura en general busca transmitir belleza, igual que la moda tiene que embellecernos.

 

-¿Qué piensa usted cuando ve a la gente por la calle como va vestida?

-Veo una enorme falta de personalidad, de criterio propio, hay un gran despotismo masificante. Si preguntáramos “¿por qué te pones esto?”, sin duda nos contestarían: “pues porque se lleva, no se me ocurre llevar otra cosa”. No se busca destacar, se tiene miedo a ir distinto, domina el afán por la uniformidad. Hay también bastante pasividad ante lo que nos ofrece el comercio.

 

-En el mundo de la moda como en el de la televisión ¿la gente consume lo que hay?

-Estoy convencido de que la gente elegiría mejor si hubiera otras cosas. Cuando la calidad está bien comercializada, la calidad vende. Frente a unas propuestas malas y deshumanizadoras, superficiales y anodinas, el buen diseño, la calidad, la gracia y la belleza, siempre tiene éxito comercial.

 

-¿Qué espera de este Congreso?

-Deseo que este Congreso pueda servir para que los productores de diseños y los profesionales de este gremio cobren un concepto más serio de lo que ellos hacen y de la trascendencia de su profesión, tomándose con más responsabilidad la función humana y social de altísima importancia que tienen entre manos. Del campo de la moda habría que eliminar tanto el enfoque exclusivamente mercantilista como el enfoque exclusivamente esteticista o lúdico, porque la moda es algo mucho más profundo.

 

-Usted se ha ocupado del fenómeno de la moda no pocas veces, ¿se ocupan hoy día los pensadores en “pensar” qué es la moda?

-En los últimos años ha crecido el interés académico por el fenómeno de la moda, ha habido jornadas, congresos. La moda ha entrado en el mundo académico y se ha producido reflexión, pensamiento, escritos y ensayos. Todo esto es muy positivo. Lo importante ahora es que todo este trabajo intelectual y  teórico vaya calando en la práctica: en el diseño, en la producción, en la comercialización y en el consumo.

 

 

Entrevista realizada por Mercedes Alvarez de la revista  Asmoda.com

 

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