Sociedad

La defensa de la familia exige un proyecto cultural de fondo

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Norberto González Gaitano, actual vicerrector de comunicación de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma) y antes profesor de la Universidad de Navarra, es el impulsor de “Family and Media”, un grupo de investigación internacional que analiza cómo informan los medios sobre la familia en los medios de comunicación.

 

— ¿Cuáles son los tópicos sobre la familia más extendidos hoy en la opinión pública?

El frente pro-familia usa cada vez menos metáforas tan gastadas como la de la “célula básica de la sociedad”. La idea que está detrás de esta imagen sigue siendo válida, pero ahora se enriquece con otras perspectivas: la familia como agente de cambio social (más de moda en ámbito anglosajón), escuela de humanidad o espacio de la solidaridad intergeneracional.


En el otro frente, no hay una idea clara sobre la familia. El modelo de relación dominante son las uniones afectivas sin vínculos. Durante mucho tiempo, se ha dicho que “la familia estaba cambiando”. En ocasiones, esto era un arma retórica para imponer un modelo de relación emotiva y sin compromiso.


La ideología de género ha contribuido a crear este estado de cosas, al difundir la idea de que la familia es una construcción cultural. Las series de televisión, las telenovelas o los talk-shows “domestican” masivamente a la audiencia reformulando “nuevos modelos de familia”.


— Además de analizar las concepciones de la familia en los medios de comunicación, el equipo de investigación que usted dirige tiene una "finalidad operativa". ¿En qué consiste y qué pasos están dando para lograrla?
Conocer cómo se representa la familia en los medios tiene un interés operativo, y no sólo descriptivo. Utilizamos los resultados de los análisis empíricos para promover una imagen veraz de la familia. Nos interesan, sobre todo, los aspectos antropológicos y culturales que están detrás de las representaciones de la familia.
En segundo lugar, nuestro objetivo es proporcionar argumentos a las organizaciones dedicadas a promover la familia, a las asociaciones de orientación familiar y a las de radioyentes y telespectadores. Sin ideas ni argumentos no hay acción eficaz. Creemos que así mejoraremos su poder comunicativo en los medios y su incidencia en la agenda política.


Por ejemplo, ahora mismo estamos terminado una investigación sobre la gestión de la comunicación por parte de las asociaciones que integran el Foro de las Familias en Italia. También presentaremos esos resultados a las demás asociaciones pro-familia de Italia, América Latina y España.


— En las sociedades occidentales, el lobby gay ha logrado cambiar las percepciones sobre las prácticas homosexuales. ¿Qué lecciones pueden extraer quienes desean promover enfoques favorables a la familia?
Hay que decir, en honor a la verdad, que no todos los homosexuales secundan la ideología gay. Además, conviene recordar que lo que implícitamente busca este colectivo es el reconocimiento social; la legalización del “matrimonio gay” es solo un medio equivocado para conseguirlo.


El nuestro es un proyecto cultural, no ideológico. Es una pequeña aportación para reconstruir el imaginario social sobre la familia. La comunicación es clave, porque te obliga a pensar en términos estratégicos y no solo tácticos. No bastan acciones aisladas, movilizaciones, se requiere un proyecto cultural de fondo que integre esas acciones puntuales en un diseño a largo plazo.


— En Estados Unidos, los pro-familia llevan años insistiendo en que el matrimonio no es sólo una relación afectiva entre dos adultos, sino sobre todo un bien social pensado para proteger a los niños. A su juicio, ¿qué mensajes sobre la familia habría que intentar transmitir hoy a la opinión pública?


En mi opinión, hoy debemos poner el énfasis en la educación de los hijos. A partir de esta idea, podremos reconstruir el tejido de las relaciones conyugales y paterno-filiales con sus características específicas. Es lógico que las asociaciones pro-familia hagan palanca sobre esta idea para fortalecer el matrimonio. No es casualidad, por ejemplo, que muchas parejas de hecho decidan oficializar su unión cuando llega el primer hijo.


El vínculo conyugal puede disolverse. Lo que no se puede romper es el vínculo con los hijos. Se puede ser ex mujer, ex marido o ex compañero. Pero no se puede ser ex padre. Además, hoy debemos estar prevenidos para afrontar el chantaje emocional que sufren algunos niños. Hay padres y madres que intentan atraerse afectivamente al hijo hacia sí (“se-ducere”). Pero la educación es otra cosa: es sacar fuera las potencialidades del hijo (“ex-ducere”).

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