Sociedad

Sindicatos y partidos políticos: culpables

Publicado en Historia-Cultura-Noticias-Entrevistas.

“… a mí me ha parecido bien que se haya suprimido de los Presupuestos Generales del Estado la partida que se destinaba a la Iglesia Católica, sustituida por el 0'7 que cada contribuyente si lo desea, sólo si lo desea, puede destinar a sostener a su Iglesia rellenando el casillero correspondiente.

¿Por qué no se hace lo mismo con sindicatos y partidos políticos? ¿Por qué no se establece por ley que centrales sindicales y agrupaciones políticas reduzcan sus gastos a lo que puedan sufragar con las cuotas de sus afiliados y con el 0'7%, aportado por los que así lo deseen en la declaración de la renta?”

Culpables por el cinismo de predicar la austeridad y mantener el derroche de sus sindicatos y sus partidos políticos.

Culpables por espeluznarse ante la crisis como ante el pitón jabonero que atravesó la boca de Julio Aparicio, y después, en lugar de reducir personal, proseguir con la contratación de nuevos colaboradores.

Culpables por exigir recortes y apretados cinturones, cuando sindicatos y partidos continúan organizando actos circenses y delirantes parafernalias para lucimiento de sus líderes.

Y lo más grave. Todavía no ha surgido un dirigente sindical, un líder de partido que diga: «Sindicatos y partidos políticos deben financiarse exclusivamente con las cuotas de sus afiliados».

Como en las cuentas de las centrales sindicales y de las agrupaciones políticas la transparencia brilla por su ausencia, no sabemos con precisión qué porcentaje de sus gastos y dispendios corren a cargo, directa o indirectamente, de subvenciones del Gobierno.

Analistas solventes consideran que más del 90% de lo que derrochan los partidos políticos lo pagamos entre todos los españoles a través de los impuestos con que el Estado nos desangra. Otro tanto ocurre con los sindicatos, si bien está más enmascarado, amén del sarcasmo de aquellas empresas públicas que de hecho pagan obligadamente las cuotas sindicales. Según datos últimamente publicados, Toxo y Méndez reciben en subvenciones más de 20.000 millones de pesetas cada uno.

La Iglesia Católica hace una formidable labor asistencial en la sociedad española.

La Iglesia Católica es columna vertebral en la educación de niños y adolescentes.

La Iglesia Católica custodia ejemplarmente una parte sustancial del patrimonio cultural de España.

La Iglesia Católica está presente en los centros que se ocupan de la lepra, el sida, las enfermedades infecciosas.

La Iglesia Católica permanece al lado de los pobres, los desfavorecidos, los ancianos, los enfermos terminales.

Más de once millones de personas acuden a misa todos los fines de semana.

El 80% de los padres de familia exigen en los colegios públicos educación cristiana para sus hijos.

La Semana Santa abarrota las calles de los pueblos y las ciudades de España para contemplar las procesiones.

El 97% de los españoles se entierran en sagrado.

El 94% de los niños se bautizan.

En resumen, la Iglesia Católica desempeña una labor comparable al menos con la imprescindible de los sindicatos y los partidos políticos. Y está abrumadoramente respaldada por la inmensa mayoría de los españoles.

A pesar de todo eso, a mí me ha parecido bien que se haya suprimido de los Presupuestos Generales del Estado la partida que se destinaba a la Iglesia Católica, sustituida por el 0'7 que cada contribuyente si lo desea, sólo si lo desea, puede destinar a sostener a su Iglesia rellenando el casillero correspondiente.

¿Por qué no se hace lo mismo con sindicatos y partidos políticos? ¿Por qué no se establece por ley que centrales sindicales y agrupaciones políticas reduzcan sus gastos a lo que puedan sufragar con las cuotas de sus afiliados y con el 0'7%, aportado por los que así lo deseen en la declaración de la renta? ¿Por qué debemos sufragar el despilfarro de los sindicatos y los partidos políticos, sus gastos suntuosos, el derroche en sus actos públicos, sus desmesuradas campañas electorales que pagamos entre todos?

Los partidos políticos, imprescindibles para el funcionamiento de la democracia pluralista, se han convertido en el tercer motivo de preocupación de los españoles. La gente está harta de tanta mediocridad, tanta suficiencia, tantas naderías, tantas declaraciones estúpidas, tantos gastos innecesarios, tanto derroche insultante, tanto cinismo elevado al cubo.

 

(El titulo original de este artículo aparecido en el diario El Mundo es: “Méndez, Toxo, Rajoy, Zapatero, culpables”)